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Durante treinta años, Bizarría permaneció oculto. Publicado por Claudia Masin a finales de los 90’s, el libro vuelve hoy desde un tiempo que parecía clausurado para dialogar con un presente que, inesperadamente, lo reclama. Su reedición es la irrupción de una voz que ya entonces interrogaba las formas de la violencia, la exclusión y los modos en que una sociedad decide quiénes merecen ser vistos y quiénes deben permanecer en los márgenes.

En la introduccion que acompaña esta nueva edición, la propia autora reflexiona sobre ese largo silencio y sobre las razones por las que Bizarría encuentra, tres décadas después, un nuevo momento para ser leído. En una Argentina atravesada por discursos de odio, el desmantelamiento de políticas culturales y el avance de un proyecto político que vuelve sospechosas la diferencia y la sensibilidad, Masin propone una lectura del pasado que ilumina el presente. Compartimos, a continuación, la Advertencia completa de la reedición del libro, editada por Aguacero Ediciones.

 

Claudia Masin, poeta, escritora y psicoanalista argentina nacida en Chaco en 1972. Comprar Bizarría de Claudia Masin

ADVERTENCIA

Por años, Bizarría, mi primer libro, fue mi libro fantasma. Los pocos ejemplares que quedaban estaban muy bien escondidos. No quería que nadie lo leyera. Es que yo misma no entendía este libro rabioso y desaforado, lleno de mugre, muerte, barro, sangre, asesinatos, suicidios. Lleno de mujeres muertas.

Tenía 25 años cuando lo publiqué. Tengo 52 ahora y al fin creo que entiendo. Escribí Bizarría en la década de los ´90, escapada hacía no mucho tiempo del caníbal familiar. La década infame, llamábamos a los ‘90. Creíamos sinceramente que no existía nada peor. Pero en 2025 estamos viviendo un gobierno neofascista y vemos con nuestros propios ojos, sentimos en nuestros propios lomos, que existe algo peor. Semejante, pero peor.

Decidí volver a publicar este libro —revisado y corregido— porque 1997 (año de la primera edición) y 2025 (año de la segunda) tienen algo en común: la omnipresencia en el discurso hegemónico de la crueldad, de la saña, de la falta de empatía y compasión, de cierto orgullo burlón y ostentoso que exhibe la maldad como un galardón. Una sociedad rota y desesperada crea formas de vínculo rotas y desesperadas. Al fin y al cabo, la crueldad también es una forma de vincularse cuando todas las demás fracasan.

Y este es un libro sobre la crueldad, sobre la fragilidad del animal que se identifica con el predador para pasar desapercibido y sobrevivir, pero también sobre el ayudante del verdugo, sobre el que le sostiene la picana, aunque la electricidad vaya a quemar la carne de su hermanx.

Todos mis libros, después de este, hablan sobre la crueldad y la posibilidad de reparación: por eso muchas veces vuelven a la infancia, ese laboratorio del daño que nos han hecho, que redundará, aunque nunca linealmente, en el daño que nosotrxs mismxs infligimos e infligiremos. Todos mis libros, de un modo u otro, hablarán de la posibilidad de transmutación, de no repetición de la violencia en un loop infinito en el que se nos va la vida. En Bizarría pareciera —por muchos años lo creí— que no hay espacio para la reparación, excepto en un detalle no menor: la presencia del humor, que llega como muchas veces llega la risa a nuestra vida en los momentos solemnes, terribles; como un elemento disruptivo y revulsivo, a difuminar el halo de tragedia, a volver leve y respirable el aire tóxico.

Pero también viene, creo, a proponer —sin animarse a decirlo con todas las letras todavía—una revuelta que no olvide la alegría. Aunque no puedo estar segura: hace mucho que no soy la chica que escribió este libro.

Aun no era feminista (mejor dicho, aun no sabía que era feminista) cuando escribí Bizarría, que habla de las mujeres sujetas a la crueldad, de las que quisieran matar, de las que quisieran soltarse el bozal o la correa y morder al amo que las reduce a la esclavitud, de las mujeres que no saben qué hacer con esa rabia más que volverla lanza contra sí mismas. De las mujeres que son tratadas como basura, de las mujeres cuyos cuerpos son literalmente tirados a la basura por quienes se supone que las quieren y las cuidan.

Mi respuesta a la crueldad hoy es otra: tengo más herramientas, y distintas. Pero ya entonces había el mantra: Que lo hermoso se convierta/ en horrible/ que lo horrible amanezca/ belleza. Que la normalidad que nos enloquece y nos vuelve pobres de toda pobreza, miedosos, esclavos, se aleje de nosotrxs. Que en el pecho nos crezca como en un monte desgreñado, la flor rara, fea, inútil: ahí está el antídoto, ahí está la belleza diversa que el Amo quiere erradicar como sea.

Vivimos en un país, en un mundo, indeciblemente roto, indeciblemente enfermo. Hay una cura. Yo lo creo. Y está lejos de la crueldad como paradigma. Está en la fraternidad y en la ternura y en la celebración y en lo vital. En todo lo que nos aleja de lo mortífero.

Pero en Bizarría, aun les hubiera dicho, aun les digo: la cura está en quemarlo todo, en hacer que no haya calor en la crueldad, calor de hogar, que el calor sea el de las molotovs que se estrellen contra la guarida del verdugo. ¿Cambié totalmente de idea? No, aun creo en la necesidad de defenderse, del modo que sea, frente a la violencia ajena que intenta convertirnos en víctimas dóciles de un goce del que participamos como objetos.

Este libro monstruoso sabe pocas cosas, pero tiene una certeza: todos tenemos el potencial de ser monstruos, pero algunos podemos elegir asumir nuestros horrores y no ceder ante la tentación a veces fortísima de darles rienda suelta y dejar el tendal de dolor y violencia y venganza detrás nuestro. Y sabe también (lo supo antes de que yo lo supiera) que la poesía es un anticuerpo de la sociedad cuando enferma gravemente, como ahora. Por algo los fascistas odian a lxs poetas.

Nuestra respuesta más contundente es escribir. Escribir es ser un/unx enfermerx, como cantó Charly alguna vez, tratar de limpiar la herida que otrxs dejan abierta, a la intemperie, para que se llene de gusanos. Escribir es apenas eso. Pero eso no es poco. Llegar antes de que la infección mate, nos mate. Yo no quiero criticar/solo quiero ser el enfermero.

Este libro sobre la crueldad sale del closet porque ya es hora y porque al fin llegó su tiempo histórico mellizo, aunque mucho más deforme y sádico.

Mientras escribo este texto no sé, ni imagino siquiera, nadie sabe qué pasará mañana. Pero eso nunca lo sabemos, de todas maneras. Hay dolor, hay carencia, hay terror. ¿Qué será de ese dolor, de esa carencia, de ese terror? ¿Qué será de quienes los infligen, de quienes disfrutan con ello? Elijo la versión de la gran Beatriz Vignoli:

Venceremos, amor. Venceremos.
Toda la música está de nuestro lado.

Claudia Masin,
verano 2025.

Bizarria, el primer libro de Claudia Masin publicado 30 años después. Editado por Aguacero Ediciones

 

Bizarría, de Claudia Masin.
Edición revisada y corregida.
Contratapa: Mercedes Roffé
Arte de tapa: Mateo Ibarra
Primera edición : Julio 2025.
Dimensiones 14 × 20 cm
ISBN 978-631-00-8423-7
Cantidad de páginas: 64